Un niño con mirada sonriente

Un niño de 3 años (enfoque diagnóstico y terapéutico)

Mi experiencia con un niño de tres años que apenas hablaba y tampoco jugaba. Desde la escuela infantil aconsejan a los padres que consulten con un profesional porque han observado en el niño un comportamiento diferente en relación a los niños de su edad.

Los padres acuden a consulta derivados por un pedíatra. En la primera entrevista nos cuentan que el niño habla poco, después de realizar la anamnesis e historia clínica pasamos a valorar el estado actual del niño.

Observamos que el niño saca mucho la lengua, cuando realiza cualquier tarea  y por este motivo debajo del labio inferior a la altura de la barbilla presenta un herpes, o una especie de calentura que difícilmente se cura, por permanecer húmeda esa zona de la cara, además de caracterizarse por una piel muy fina.

Es un niño de tres años, con una estatura y complexión similar a la de los niños de su edad, su boquita es un corazón de fresa, sonríe con la mirada, conserva la redondez de un bebé de nueve meses, observa los objetos de la caja juego, los coge y se hace preguntas. Su hacer desprende  ternura, afecto, simpatía. Es precioso, pelo castaño,  ojos almendrados, mofletes y cara de pícaro, de saber, de conocer su pequeño mundo. Es un niño bueno, muy bueno, cariñoso.  Es inteligente, sin embargo si se aprecian dificultades en la comunicación. En la hora de juego se observa un juego estereotipado. Por su corta edad mantenemos la prudencia de no etiquetar y preferimos empezar a trabajar bajo la hipótesis de inmadurez emocional  y dificultades en las relaciones.

Entra en el espacio terapéutico, abre la caja, coge la pelota y la tira. Saca el avión y lo rueda, saca el pegamento. Vuelve al avión, lo rueda por el suelo, se tumba en el suelo. Se incorpora coge la caja que está encima de la mesa y la arrastra por el suelo, vuelve a coger el avión con la mano derecha y lo rueda en la palma de su mano izquierda varias veces. Se vuelve a tumbar en el suelo y se desplaza con todo su cuerpo, se arrastra al igual que hizo con la caja. Se mantiene toda la sesión sin hablar. Rodar el avión con su mano provoca un ruido y se coloca el avión en el oído para escucharlo. Para finalizar coge el bote de los lápices de colores, lo vuelca y después mete las pinturas, una a una y las coloca.

Coge los lápices de colores y el pegamento, los saca de la caja, coge un papel que suavemente lo embadurna de pegamento. Coge el avión se tira al suelo y lo rueda durante veinte minutos, a veces lo choca contra la pared. Rueda el avión y lo suelta,  con la fuerza continúa rodando,  cojo el avión y hago el mismo movimiento en dirección hacia él, no lo devuelve. Cuando en otras ocasiones hago el mismo gesto con una pelota, tampoco la devuelve.

En general se realizan juegos que le inviten a interactuar, sin embargo observamos que cuando esto sucede,  coge un objeto sonoro de la caja, lo hace sonar y se lo coloca cerca del oído. Otro juego reiterativo es subir y bajar el embolo de la jeringuilla. Paulatinamente va acercándose a las marionetas que siempre le saludan y le dan la bienvenida y después se despiden, al principio las sonreía y ya las recibe con un hola y las despide con un adiós.

Reflexión: “La motivación nos impulsa a comenzar y el hábito nos permite continuar.”