Una sonrisa al amanecer

Su consulta se ubica en Liubliana, cerca del  Parque Nacional El Triglav. Los pacientes, adultos y personas mayores, pulsan el timbre del  tercero, puerta central. Escuchan ¿Sí? respondo ¿Ivan? Y continúo soy yo… Con nombre propio traspaso el portal para escucharme, entro y ya, quiero mirarme en el espejo. Un lugar cómodo y discreto se adueña de mis palabras, de mis silencios, es una sala confortable. El exquisito diseño del reloj marca las diez, la constancia horaria transfiere la tranquilidad de saber que, en ese momento y en ese espacio, importa la naturaleza de mi decir. Enuncio “me veo con exigencia, venir es una empresa difícil, una lección de anatomía”.

Siento que al depositar mi confianza gano fuerza interior. Con flexibilidad nace una convicción, crece el coraje para lograr objetivos y  me apropio de la libertad para adquirir un compromiso.  Muestro madurez para  alcanzar equilibrio entre lo visceral y lo racional. La ligereza de los movimientos, la flexibilidad de los pensamientos, la estimulación para la acción y la conexión de todo ello, confiere una fuerza que otorga la desenvoltura de sentirme como un pez que, por primera vez, nada a favor de la corriente del río Liublianica.

Quiero soltar lastres, los miedos fuera, acabar con los complejos, con las  barreras que obstaculizan navegar el río. Recelo de cada uno de sus once pozos, temo al Mocilnik. Mientras eludo para no caer, escucho: no te desanimes ni te obsesiones por conseguir el reconocimiento. Subsiste una exigencia, un continuo gasto de energía. Un ideal de perfección que desemboca en la desvalorización. Mi imaginación y mis fantasmas se agarran a globos de colores para que me alcen al cielo. Anido en un globo naranja, que vuela sin rumbo según sopla el viento. Quiere soltarlo y acortar las distancias entre la tierra y el cielo, entre el allí y el aquí, entre el ahora y el luego. Anhelo abusar del tomillo en la carne, de la salvia en la jardinera y de la camomila para aclararme el pelo. Reclamo momentos para respirar. Quiero usar el cuerpo para cuidarme. Degustar mis platos. Alimentar mi vista y el olfato. Saciarme del aroma, del color y del sabor a lumbre.

Encuentro el equilibrio en una tabla de combinación de alimentos, nueces, tomates rojos, espaguetis, un manojo de trigueros, naranjas, zumos y más bebidas saludables. El ejercicio físico e intelectual, caminar,  estudiar, leer y releer me brindan un arco iris de pensamientos, recuerdos y sentimientos. El movimiento y la reflexión transitan desde el rictus rígido a una  amplia sonrisa.

Giro la visión y aquello que era estímulo para motivar se convierte en objetivo. Solo ambiciono una sonrisa al amanecer. Se me antoja  comer sano y hervir agua para las infusiones. Ansío caminar y encontrar el arco iris en las fuentes de las plazas, en los aspersores de los parques. Suspiro y me concentro en momentos para respirar. Reflexiono sobre recuerdos que ya son pasado, aterrizan pensamientos que anuncian un futuro que se evapora. Perduran sentimientos, siempre presentes. Y ya no importa si cuando surco el río Liublianica vislumbro el pozo Mocilnik porque lo sortearé y atravesaré un puente y zarparé y escalaré y avistaré otros pozos y, me arrojaré al río para sumergirme, nunca será igual porque el tiempo marca la diferencia. El exquisito diseño del reloj siempre gira en la misma dirección y el tiempo  no pasa, quién pasa es el soy yo, porque cada minuto, cada segundo yo soy igual y diferente a la vez.

Ahora mi  fuerza es mi hogar, discreto, cómodo y fácil. Por fin, la  esperada tranquilidad. Por fin, apruebo con diez la lección de anatomía de la empresa. Adivino la serenidad que transmiten las flores, la quietud de una figura de bronce. Cincelo los  días y engarzo las noches en un cálido sueño. Supero barreras, ya no asustan los sueños, los miedos inspiran. Acepto, asumo y abro el corazón para que penetre el desánimo sin desaliento porque ya sé que abusar de la imaginación para alimentar dragones y fantasmas es inflar un globo que estalla. Y ahora, suelto el coraje, la estimulación del compromiso, la fuerza interior. Quiero soltar la ligereza de la constancia, la flexibilidad de la convicción. Quiero soltar la confianza de la madurez. El equilibrio. La libertad  para  conseguir  objetivos. Y quiero volver a nacer y ser pez en el agua para surfear una estela y alegrar un corazón.

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