VOY A PILAR LA PSICÓLOGA

Primera entrevista…

Son las 19,00 llaman a la puerta.

Pilar abre la puerta, saluda, se presenta y pregunta.

Buenas tardes, soy Pilar ¿es usted Palmira?

Pilar da paso y acompaña a Palmira y le pide por favor, que tome asiento.

Palmira se acomoda e inicia su discurso, llevo una temporada mal, le pedí su teléfono a Sofía, que es mi amiga desde que éramos pequeñas.

Estoy agotada, cansada. Yo tengo que hacer todo con prisas. Me pongo el despertador, suena, lo apago y me vuelvo a dormir. Soy muy perezosa. Es la primera vez que vengo a un psicólogo y no sé por dónde empezar.

Palmira continúa, quiero cambiar de ritmo de vida, me gustaría vivir sola. Tengo que ponerme a estudiar, me frena la pereza, el ponerme me cuesta. No quiero ser tan perezosa, cada día soy más.

Después de un breve silencio, a veces no me puedo contener y me sale el llanto solo, el domingo me entra angustia cuando me tengo que acostar y pienso: mañana lunes, otra vez igual.

Me cuesta mucho levantarme de la cama. Cuando trabajo y, noto que están encima me siento torpe, pienso: se va a creer que no tengo ni idea, me entra la sensación de que me van a echar, me noto muy insegura, voy a coger un boli y se me cae el vaso, si voy a coger el teléfono, se me cae el teléfono. Ahora estoy de baja. Me siento muy mal, patosa, inútil, no valgo para hacer las cosas, no puedo aprender a hacer nada,  lo llevo muy mal, son momentos o días, me pasa en este trabajo y me pasaría en otro.

Pilar interviene ¿desde cuándo estás de baja?

Desde hace una semana. Tengo una contractura muy fuerte en las dorsales, tengo la espalda dolorida, es muy molesto.

Pilar pregunta ¿qué te pasa?

Palmira rompe a llorar, no le salen las palabras. Me encuentro muy mal desde que terminé una relación, yo quería dejarlo porque me sentía poco valorada, yo no importo.

Pilar reitera con voz pausada y tono suave ¡poco valorada!. Palmira narra hechos concretos que le hacían sentirse minusvalorada en la relación con su anterior novio, también se ha sentido igual  en otras relaciones.

Aporta datos sobre la relación con su madre, me llevo muy mal con mi madre, siempre he tenido una relación rara, difícil, no le gustaba que saliera con chicos, me ha tenido muy controlada. Sin embargo ella no se ha enterado de cosas que me han pasado. Por ejemplo, ahora ella sabe que yo estoy mal y cree que es porque vivo con mi abuela, mi madre se lleva muy mal con mi abuela. Ahora vivo con mi abuela, que está muy mayor y la ayudo. Yo vivo con mi abuela porque con mi madre me llevo mal. Mi madre vive sola, mis padres se separaron cuando yo tenía 14 años, mi hermano y yo nos quedamos con mi madre, ahora mi hermano vive con su novia.

 

 

Valoración del caso, después de las entrevistas.

 

Después de la valoración realizada a petición de la interesada se inicia un tratamiento de psicoterapia. A la edad de veintisiete años sufre un accidente de tráfico, como consecuencia del mismo desarrolla un cuadro de estrés postraumático que Palmira considera resuelto en la actualidad.

Nace el veintitrés de Mayo de mil novecientos setenta y ocho.

Actualmente presenta  sensaciones muy fuertes de ahogarse dentro de un vagón del metro, en ocasiones, se apea y decide esperar e incluso continuar el recorrido a pie. Cuando el tiempo le apremia, de forma mecánica sale de la estación y “pilla” un taxi.

Mantiene desencuentros continuos en las relaciones de pareja, sin discutir, incluso sin apenas hablar. Se siente minusvalorada, sufre mucho y llora, aunque a veces comenta que a ella le da igual. Con la madre vive una relación complicada, la siente como una figura que anula cualquier posibilidad de una relación externa, sea esta un hombre o bien un avance en su desarrollo profesional. Ella mantiene una complacencia con la madre que no entiende, continuamente pide su aprobación, internamente es como si necesitara su permiso para cualquier movimiento que realice en su propia vida.

Ella se posiciona ante el mundo como si fuera lo más importante para su madre a la que teme defraudar, este mismo temor a defraudar lo vivencia con la pareja, a las  que experimenta como una persona que viene a completarla, con la exigencia que ella también debe completar al otro, de esta forma se provoca una situación de un cierre  de su propia vida en esa relación. Esa relación la completa y a la vez la anula como persona, ella quiere gestionar sus emociones, pero estas son tan intensas en una relación íntima que se siente pillada, atrapada y a la vez no encuentra la manera de librarse de esa sensación.

Hay una mezcla de miedo, de asco, de ira. Vive enfadada y nada está en su sitio. Inicia una relación de amor con un chico y siente la amenaza de perderle. Para que esto no ocurra ella piensa continuamente que le tiene que dejar, imaginariamente adelanta el abandono y es como si se librara de esa situación, sin embargo la imaginaria pérdida le asola. Ante esa realidad donde su pareja, por ejemplo no la llama, le produce ira, se enfada sin saber con quién, ni por qué, unas veces con su madre, otras con su padre…otras con quién sea y cuándo ya no puede más con su pareja.

Sí mantiene vivo el lazo de las amigas con las que se siente escuchada y consolada. Las amigas son muy buenas personas, la quieren y desean que le vaya bien, pero ellas solo pueden aconsejarla y estar ahí cuando las necesita, pero no pueden resolverle su problema porque tampoco saben qué se cuece en esa salsa que ella guisa, aunque se esfuerce en explicarles todos los ingredientes. Ella tampoco sabe qué plato quiere hacer, solo sabe que necesita querer y para ella querer es lo mismo que complacer al otro y ser querida por un hombre es igual a ser deseada, eso la escuece porque quiere que la quieran, que la quieran no sólo que la deseen, que la acepten, que la quieran.